Proceso mapeado
Los pasos exactos, con sus excepciones, escritos y validados con quien lo hace hoy.
Robots que ven y deciden. Agentes que navegan sistemas heredados, leen pantallas, completan formularios y cruzan datos donde no hay API.
Cuando no hay API, el robot aprende a usar la pantalla: ve, interpreta, actúa y lo deja escrito.
Automatización sobre aplicaciones de escritorio sin API, con visión y decisión del modelo. Lee la guía completa de Inteligencia Artificial para el contexto teórico.
Hay sistemas que no dejan conectar: un ERP de hace veinte años, un portal de proveedores, una aplicación interna sin API. El RPA clásico los automatiza grabando coordenadas, y se rompe en cuanto cambia un botón. Un RPA con IA ve la pantalla, entiende qué está ahí y actúa con criterio, y si la pantalla no se parece a lo esperado, lo para y avisa.
Va dirigido a finanzas, administración, logística y back office con sistemas heredados y con tareas de poco valor y mucho volumen. La condición es que el proceso sea estable y esté documentado. Un proceso que cambia cada semana no se automatiza: primero se estandariza.
Proceso mapeado, visión, decisión, manejo de excepciones, evidencia y monitorización.
Los pasos exactos, con sus excepciones, escritos y validados con quien lo hace hoy.
Lectura de pantalla, formularios, PDFs y tablas, con coordenadas y valores.
El modelo elige la acción siguiente según lo que ve y las reglas del proceso.
Si la pantalla no cuadra, el robot para, captura la evidencia y avisa.
Capturas, valores leídos y resultado de cada acción, guardados con fecha.
Estado de cada robot, tareas en cola, errores y tiempos de ejecución.
Captura antes y después, valor leído, acción realizada y resultado.
Cinco pasos que se repiten en cada ejecución del robot.
La tarea entra en la cola con sus datos y la referencia del registro.
El robot abre la aplicación, identifica la pantalla y extrae los campos.
El agente elige la acción siguiente según lo que ve y el proceso documentado.
Rellena, confirma o descarga, y comprueba el resultado en pantalla.
Si todo cuadra, guarda la evidencia. Si no, deja la tarea en la cola de excepción.
El robot nunca improvisa una acción crítica sin validar. La primera versión se limita a tareas de bajo riesgo y se amplia después.
Mapeamos, automatizamos en paralelo y asumimos el control poco a poco.
Documentamos la tarea real, con sus excepciones, junto a quien la ejecuta.
El robot hace la parte fácil y la persona la parte con criterio.
Cuando el robot lleva semanas sin fallar, se le permite cerrar la tarea.
Panel con las tareas, las paradas y el coste, con responsable claro.
Se revisan los fallos, se actualizan los selectores y se documenta cada cambio.
El mismo esquema sirve para finanzas, logística o administración.
El alta de proveedores se hacía a mano en un ERP antiguo, con dos personas dedicated.
El robot rellena el formulario, valida los datos contra el CIF y deja la excepción para revisión.
Cada envío se volcaba a mano en el portal del transportista.
El robot lee las guías, las introduce y descarga los justificantes con evidencia.
Las solicitudes de aprobación pendientes se tramitaban en un portal de ventanilla.
El robot presenta la solicitud, guarda el resguardo y notifica al responsable con la referencia.
El robot no sustituye al equipo de administración: le quita el trabajo de pegar datos. Lo que queda es donde de verdad se decide.
Reseña verificada en Google
4,9/5 · 240+ opiniones.
El RPA clásico graba las coordenadas de cada clic y se rompe si cambia un botón. El agente ve la pantalla, entiende el contexto y decide la acción siguiente. La diferencia se nota en los sistemas que cambian poco a poco.
Esa es justo la razón de existir del servicio. El robot trabaja sobre la interfaz, igual que lo haría una persona, pero sin cansarse ni equivocarse de ventana.
El agente puede adaptarse si el cambio es ligero. Si el sistema cambia de forma estructural, se recalibra el robot. En los casos críticos se avisa y la tarea queda en la cola de excepción.
Cada acción se comprueba en pantalla y se guarda la evidencia. Con un número máximo de intentos y una regla de parada, el robot nunca deja una tarea a medias sin avisar.
Por eso se empieza por tareas de bajo riesgo, se limita el alcance del robot y se mantiene la aprobación humana en las acciones críticas. Los límites se definen con negocio antes de empezar.
De cuatro a ocho semanas por proceso, con un mes de convivencia en híbrido. El ahorro aparece cuando el robot pasa a cerrar tareas de forma autónoma.
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